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¿Qué pasa cuando lloras?

Los tres tipos de lágrimas que existen y por qué las derramamos


Las emociones son un estado complejo de activación del organismo. A través de ellas percibimos lo que sucede a nuestro alrededor y son las que nos mueven a actuar. Es cierto que las emociones «nos hablan» y son capaces de expresarnos algo, pero con un lenguaje muy distinto al que estamos acostumbrados a escuchar.

La mayoría de las emociones se expresan de forma no verbal, es decir, sin palabras pero a través del lenguaje corporal. Por ejemplo, cuando nos emocionamos cambia nuestra mirada, orientamos nuestro cuerpo y colocamos las manos de una forma determinada o incluso llegamos a modular el contacto físico o la propia voz. Reconocer e interpretar el lenguaje no verbal es complicado, requiere mucho esfuerzo y práctica. Sin embargo, es uno de los «ingredientes» fundamentales de la inteligencia emocional.

Si nos centramos en el acto de llorar, vemos que tenemos tres clases de lágrimas: las basales, que se encuentran en ojo y tienen la finalidad de lubricarlo, nutrirlo y proteger la córnea; las reflejas, se forman para liberar al ojo de sustancias que pueden irritarlo, tales como el humo del tabaco, cuerpos extraños, etc.; y las emocionales, originadas por un amplio espectro de emociones, tanto alegres como tristes.

La mayoría de los investigadores consideran que las lágrimas emocionales son exclusivas de los humanos. Aunque se están realizando en la actualidad numerosas investigaciones acerca del llanto, sabemos que las lágrimas emocionales se producen por influencia de factores biológicos, fisiológicos y sociales. Podemos llegar a pensar que emocionarse, demostrar afecto, o llorar es de personas débiles que no saben controlarse. Es frecuente que una persona se niegue a llorar delante de los amigos por miedo a abusar de su amistad o a perderla y sufrir así una pérdida. Otras personas temen que llorar abiertamente no parezca digno o que incomode a los demás. Nada más lejos de la realidad.

Existen estudios que nos dicen que muchas personas se sienten mejor después de llorar si han recibido apoyo social durante el llanto, ya que estas lágrimas permiten que la persona se desahogue, dan a la persona que llora una nueva comprensión de lo que estaba mal y ayudan a que el individuo experimente esa sensación de bienestar. Por el contrario, quienes intentaron contener las lágrimas o llorar en un entorno donde no encontraron apoyo social son las menos se sienten mejor después de llorar.

No conviene someter a censura las emociones, ya que entenderlas constituye uno de los aprendizajes más importantes en la vida de una persona y «disfrazarlas» no contribuirá a encontrarnos mejor con nosotros mismos.

Sobre las autoras

Silvia González y Elena Huguet forman parte del equipo de «En equilibrio mental» (psicología basada en la evidencia). Huguet es, además de psicóloga colegiada, experta en Terapia Breve Estratégica y compatibiliza su actividad con la investigación en el programa de doctorado de la UCM. Participa en numerosos congresos de carácter internacional y en publicaciones científicas.

Por su parte, Silvia González es psicóloga, máster en Psicología Clínica y de la Salud y Máster de Psicología General Sanitaria. Además de formar parte del equipo de «En equilibrio mental» ha trabajado en la Clínica Universitaria de Psicología de la UCM en la que también ha sido tutora de los alumnos del Máster Universitario en Psicología General Santitaria. Ha impartido formaciones divulgativas como «Taller de comprensión y regulación Emocional», «Taller de mejora de las habilidades para hablar en público» o «Taller de Ansiedad ante los exámenes».

Fuente: ABC Bienestar


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