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La Miel americana aún tiene rastros de radiactividad

de antiguas pruebas nucleares


La radiactividad definitivamente no es un elemento en el que pensaríamos cuando se nos habla de miel. Sin embargo, de acuerdo a un reciente estudio publicado en Nature Communications. Según han investigado los autores Jim M. Kaste, P. Volante y A. J. Elmore, la miel de Estados Unidos ha pasado décadas conteniendo cantidades mínimas, pero registrables de radiación, hemos estado consumiendo ambos en paralelo durante más de medio siglo.

Como bien sabemos, Estados Unidos hizo pruebas extensivas con radiactividad durante las décadas de los cincuenta y de los sesenta. Después de estos años, dichos proyectos se detuvieron por completo, por lo que el manejo de materiales radiactivos disminuyó significativamente.

Aun así, las huellas de estos experimentos de la humanidad no se borraron tan fácil y, el hecho, sigue estando presente entre nosotros más de medio siglo más tarde. Una clara prueba de la persistencia de la radiactividad es la miel estadounidense, dentro de la cual aún se pueden encontrar sus rastros.

Específicamente, se ha identificado dentro de la miel al isótopo radiactivo conocido como cesio-137. Sus niveles de presencia siguen siendo lo suficientemente bajos como para que no se lo considere dañino. Pero, es más que claro que este no estuvo allí antes de las pruebas nucleares.

Por lo que la situación con la miel ahora señalada se ha convertido en un recordatorio de las consecuencias permanentes que pueden tener nuestras interacciones con el ambiente.

La primera vez que Kaste y sus estudiantes notaron esta particularidad fue durante la realización de una asignación. En ella, se estaba midiendo con rayos gamma la radiactividad de ciertos alimentos como frutas, nueces y sí, miel.

“Lo volví a medir porque pensé que algo le había pasado al contenedor o que mi detector estaba loco. (…) Reproduje la medida. Y, nuevamente, fue 100 veces más fuerte que cualquiera de estos otros alimentos”, declaró Kaste.

El cesio-137 es un subproducto de la fisión nuclear entre el plutonio y el uranio. Este, al igual que otra gran cantidad de isótopos radiactivos, fue expulsado al ambiente durante las pruebas de armas nucleares que Estados Unidos realizó en su atmósfera.

Ahora, según Kaste, estos se esparcieron por la atmósfera en un breve periodo de tiempo. Pero, según parece, este fue más que suficiente como para que algunos isótopos hicieran su hogar en ella.

“Muchas de las detonaciones de aire fueron tan poderosas que se inyectaron docenas de productos de fisión radiactivos en la estratosfera y se distribuyeron globalmente con un tiempo de residencia de [aproximadamente] un año antes de la deposición principalmente por lluvia”, aclararon los investigadores.

De allí que no sea raro encontrar distintos niveles de cesio-137 en otros alimentos. Solo que, particularmente en el caso de la miel, su presencia fue constante y mucho más notoria.

Por ahora, las pruebas realizadas se desarrollaron con 122 muestras de miel en distintos estados de procesamiento en el territorio estadounidense. Sin embargo, el país norteamericano no fue el único que probó armas nucleares en la atmósfera. Como se sabe, otras naciones como la entonces Unión Soviética también hicieron sus propios experimentos.

No todas las explosiones de bombas nucleares fueron igual de fuertes. Por ejemplo, las detonaciones de las áreas del Pacífico y de Rusia fueron 400 veces mayores que las de Nuevo México y Nevada en Estados Unidos. Sin embargo, fue en conjunto cómo más de 500 de estas bombas liberaron radiación ionizante a la atmósfera, afectándola más que cualquier otro evento en la historia de la humanidad.

De allí que la atmósfera esté mucho más alterada de lo que inicialmente podamos imaginar. En el caso de este estudio, más del 50% de las muestras (68 tipos de miel, específicamente) mostraron la presencia de radiactividad.

Esto demuestra que la mayoría de la miel estadounidense tiene una carga de radiactividad que no habríamos estado esperando. Un detalle que, en realidad, podría también repetirse en otras partes del mundo –ya sea en la miel o en otros alimentos–.

Referencia:

Bomb137Cs in modern honey reveals a regional soil control on pollutant cycling by plants: https://doi.org/10.1038/s41467-021-22081-8

Fuente: TekCrispy

https://www.tekcrispy.com/2021/04/21/miel-americana-rastros-radiactividad-antiguas-pruebas-nucleares/


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