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Bizcocho fácil de calabacín

Receta para una merienda muy tierna con el sabor casero de siempre


Si partimos de la idea de que, botánicamente, el calabacín es una fruta, la idea de usarlo como ingrediente estrella de un dulce bizcocho no debería ser tan sorprendente. Menos dulce que la zanahoria, la calabaza o el boniato, el calabacín ayuda a conseguir un bizcocho de miga muy suave y jugosa, lo hace más saciante y no deja ni rastro de sabores extraños.

Los dulces de calabacín son todo un clásico en la repostería anglosajona, compitiendo el zucchini bread en Estados Unidos con el llamado pan de plátano, que realmente son casi el equivalente de nuestras masas abizcochadas. Si te echa para atrás encontrar trocitos verdes en la miga, solo tienes que pelar la verdura o usar variantes blancas.

Los calabacines varían mucho en tamaño y peso, por eso hay que rallarlos primero hasta obtener los 200 g indicados en la receta. Lo mejor es usar un procesador de alimentos o robot con accesorio rallador, de grosor medio, para evitar que se forme una pasta. Es una hortaliza con mucha agua, por eso recomendamos escurrirlo en varias hojas de papel de cocina antes de añadirlo a la masa final.

La receta que hemos seguido, ajustando un poco los ingredientes y reduciendo la cantidad de azúcar, añade además dos elementos que combinan muy bien con el calabacín en este tipo de bizcochos, nueces y pasas. Esta vez los hemos omitido por desavenencias en casa sobre los tropezones en bizcochos, pero no dudes en añadirlos si son de tu agrado.

Ingredientes:

Calabacín rallado (2 unidades medianas, aprox.) 200 g

Huevo 2

Panela o azúcar moreno 120 g

Aceite de girasol 100 ml

Leche 30 ml

Esencia de vainilla 5 ml

Harina de repostería 210 g

Bicarbonato sódico (1 cucharadita) 4 g

Levadura química (1/4 cucharadita) 1 g

Sal (1/2) cucharadita) 3 g

Canela molida al gusto

Preparación:

Precalentar el horno a 175ºC con calor arriba y abajo, sin ventilador. Forrar con papel antiadherente un molde rectangular de unos 20-22 cm de largo. Lavar y secar los calabacines, cortar las puntas y pelar las partes que estén feas o dañadas, o pelar por completo si se prefiere evitar las manchas verdes.

Rallar con un rallador o procesador de alimentos, usando un grosor medio, hasta obtener 200 g. Dejar reposando sobre varias capas de papel absorbente de cocina.

En un recipiente grande, batir los huevos con la panela, el aceite, la leche y la vainilla, para que el azúcar se disuelva y la mezcla esté homogénea. Aparte combinar la harina con la sal, la canela, el bicarbonato y la levadura, y tamizarlo sobre la primera mezcla. Remover suavemente hasta que no haya grumos secos.

Envolver el calabacín con el papel de cocina y estrujar para extraer gran cantidad del agua que tiene. Echar la verdura a la masa y mezclar con movimientos envolventes, para distribuirlo bien.

Llenar el molde, espolvorear con un poco de azúcar moreno por encima (opcional) y hornear durante unos 50-55 minutos. Al pinchar el centro con un palillo debe salir casi completamente limpio, solo con miguitas. Esperar 10 minutos fuera del horno antes de desmoldar y enfriar completamente sobre una rejilla.

Pocas sugerencias hay que hacer sobre cómo degustar un buen bizcocho. Café de sobremesa, leche o bebida vegetal bien fresquita, una infusión caliente o un vaso de horchata son buenos acompañamientos. Si lo tomamos como postre, especialmente después de la cena, podemos acompañarlo con una copita de vino o licor dulce.

Fuente: Liliana Fuchs / Directo al Paladar


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