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¿Las mascarillas podrían reducir la gravedad del COVID-19?

Esto dice la ciencia


Esta pandemia nos ha demostrado que, además del distanciamiento social, existen otros recursos eficaces que pueden prevenir un contagio de enfermedad infecciosa, como lo son las mascarillas.

Al principio fueron motivo de controversia en Occidente, a pesar de que fue rápidamente adoptada por varios países asiáticos. La Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés) recomendaban el uso de mascarillas solo en las personas que presentaran algún síntoma de enfermedad, mientras que quienes no, podrían prescindir de su uso.

Sin embargo, en abril los CDC cambiaron su postura y empezaron a recomendar a la población estadounidense el uso de la mascarilla, ya que se habían notado diferencias significativas en la propagación del coronavirus entre Asia y Estados Unidos y Europa.

Desde entonces, las mascarillas se han convertido en un accesorio indispensable y obligatorio en diferentes partes del mundo. Y en efecto, varios estudios han arrojado evidencia importante de que estas pueden reducir de manera significativa los contagios de COVID-19.

Lo curioso es que puede que su uso también puede proporcionar otros beneficios importantes, según un nuevo estudio científico publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine. Las mascarillas faciales podrían actuar como un elemento de variolización que permita crear una especie de “inmunidad” frente al coronavirus.

¿Qué es la variolización?

El doctor Elmer Huerta, un médico peruano radicado en EE.UU. y con experiencia en epidemiología, explicó en su podcast lo que es la variolización a propósito de este nuevo hallazgo. Para entenderlo, nos toca volver a tiempos lejanos, cuando la viruela era una enfermedad fatal de la que era muy difícil escabuillirse.

Se estima que para el siglo XVIII en Europa, cada año unas 400.000 personas morían de viruela. Mientras tanto, un tercio de los supervivientes quedaban ciegos, y muchos quedaban con cicatrices tan graves que desfiguraban su cara. En los niños pequeños, la mortalidad rondaba el 80 por ciento en Londres y el 98 por ciento en Berlín para finales del siglo XIX, lo que nos da una idea de su letalidad.

En vista de ello, durante años la humanidad hizo esfuerzos por encontrar o desarrollar un método que permitiera evadir la enfermedad. Así fue como apareció un método de control conocido como variolización, que se fundamentaba en la hipótesis de que quien se enfermaba, adquiría inmunidad frente a ella y no volvía a enfermarse aunque estuviera expuesto de nuevo.

La variolización consistía en extraer material de las ampollas que causaba la viruela, e inyectarlas a personas sanas, un procedimiento que, aunque asqueroso, prometía evitar la enfermedad. Y sí, es un poco similar al uso del suero convaleciente de los pacientes de COVID-19 aprobado para “inmunizar” a personas sanas durante esta pandemia.

Esta práctica parece haber iniciado en Asia, y pronto se extendió hacia Europa y América. Cabe aclarar que inyectar este material en personas sanas, causaba enfermedad, y en algunos casos muerte, pero las cifras seguían siendo mucho menores que la infección adquirida de manera natural.

El problema es que este método no erradicaba la enfermedad, sino que disminuía la intensidad con la que se presentaba, y por tanto, la mortalidad y los efectos adversos a largo plazo.

Luego de una larga travesía por la historia antigua y moderna, te preguntarás qué tiene que ver la viruela y la variolización con las mascarillas y la COVID-19. Pues bien, los investigadores de la Universidad de California informaron recientemente que este simple instrumento podría estar funcionando también como un elemento de variolización.

¿Pero cómo, si a diferencia del material de las ampollas virulentas, las mascarillas no forman parte del cuerpo de las personas? Tal parece que cuando una persona se infecta usando la mascarilla, la carga viral con la que se contagia es tan baja que resulta incapaz de generarle síntomas.

Los investigadores dicen que en aquellos lugares en los que el uso de mascarillas está muy generalizado, la proporción de casos asintomáticos es de 80 por ciento. En cambio, en aquellas sociedades en las que el uso de las mascarillas no está tan arraigado, la proporción de asintomáticos es de solo 40 por ciento, un valor significativamente menor comparado con el previo.

También hubo una situación en un barco argentino y otra en una planta procesadora de carnes, en las que gracias a las mascarillas, la proporción de contagios asintomáticos fue de 81 por ciento y 95 por ciento, respectivamente.

Por supuesto, esto es más una hipótesis que una realidad, y es un tema que definitivamente merece mucha más investigación. Sin embargo, constituye una hipótesis atractiva, y que sobre todo, podría servir como un estímulo para motivar el uso de las mascarillas en más personas.

Referencia:

El uso de las mascarillas podría generar inmunidad al covid-19, según estudio de la Universidad de California. https://cnnespanol.cnn.com/2020/09/14/el-uso-de-las-mascarillas-podria-generar-inmunidad-al-covid-19-segun-estudio-de-la-universidad-de-california/

Fuente: TekCrispy


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