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Una ducha fría puede potenciar tu salud

y tu ánimo


Cuando nos ducharnos con agua fría, siempre suena más como algún tipo de tortura, que a una simple actividad cotidiana. Por lo general, el confort y comodidad del agua tibia o caliente son mucho más llamativos para nosotros.

Sin embargo, según parece, el frío podría tener muchos más beneficios a la larga en nuestro organismo que podríamos disfrutar. Es claro que algunas personas son más sensibles al frío que otras. Pero, en general, si nos lo proponemos, todos somos capaces de ponernos debajo del intimidante chorro de agua helada. Esto siempre y cuando tengamos un buen motivo, claro. Por suerte, ya la ciencia nos ha demostrado que hay varios que vale la pena considerar.

Cuando entramos en contacto con agua helada, nuestro cuerpo libera norepiferina, más conocida como noradrenalina. Esta inmediatamente pone al cerebro en estado de alerta y te permite tener una mayor capacidad de concentración.

Como consecuencia, una ducha de agua fría en la mañana, aunque sea casi dolorosa al principio, podría ser nuestra mejor opción para tener un día productivo. Esto ya que entrar en contacto con el frío desde temprano eliminará la somnolencia y nos activará de inmediato para que continuemos el día con energía.

Como lo mencionamos, el cuerpo reacciona de inmediato cuando entra en contacto con el frío. Entre los procesos que se desatan entra el de la homeostasis de la temperatura. Con este, el organismo busca poder adaptarse al cambio ambiental mientras nos mantiene alejados de una posible hipotermia.

Para eso, uno de los primeros elementos afectados por el contacto con el frío son los vasos sanguíneos. Estos se contraen y se alejan de la superficie de la piel. Como consecuencia, menos sangre debe pasar por ellos para mantener una misma potencia de presión y es más difícil que el calor generado se escape por nuestra dermis.

Gracias a esto podemos mantener nuestra temperatura corporal relativamente estable mientras el cuerpo se asegura de que la sangre llegue a los órganos importantes (como el corazón). Esto se traduce en una aceleración momentánea del ritmo cardiaco.

Un ejemplo particular del cuerpo adaptándose a esta situación es la de los Inuits y su particular resistencia al frío. Estos han mostrado ser los únicos humanos capaces de vivir en las arduas condiciones del Ártico. Todo debido a que su cuerpo se ha adaptado a ellas, probablemente al hacer permanentes los procesos de contracción de los vasos sanguíneos que ya hemos mencionado. En consecuencia, esta población parece particularmente propensa a sufrir problemas cardiovasculares.

Entonces… ¿exponernos al frío podría darnos problemas cardiovasculares también? No exactamente, los genes de los Inuits han mutado por generaciones para llegar a su estado actual. Por lo que, sin importar cuántas duchas frías nos demos, sus efectos en nuestro sistema cardiovascular no serán lo suficientemente prolongados como para mostrarnos su lado negativo.

Como ya sabemos, el frío, al entrar en contacto con tu organismo, genera una reacción inmediata en este. Ya que entonces busca adaptarse al cambio repentino de temperatura. No obstante, esta no es la única respuesta que se consigue.

De hecho, el contacto con el frío –y en este caso específico, con el agua fría– al disminuir el tamaño de los vasos sanguíneos, actúa como un desinflamante. Es por este motivo que solemos colocar compresas frías para aliviar moretones y evitar que estos se hinchen o duelan demasiado.

Por si fuera poco, la activación del organismo y el inicio de este proceso de desinflamación también puede ser una forma de mantener la salud de los músculos luego de una sesión de entrenamiento. Gracias a esto, se reduce el dolor postejercicio y la recuperación de los músculos es mucho más rápida. Debido a esto, poco a poco nuestro rendimiento se incrementa.

Nuevamente, puede parecer que una ducha fría no es la mejor forma de relajarnos después de un día largo y cansado. Efectivamente, la posibilidad de disfrutar del vapor de un año tibio es mucho más atrayente… pero solo es beneficioso a corto plazo.

Los baños calientes son placenteros al momento, pero no nos dejan un efecto posterior tan fuerte como las duchas frías. Expertos como Peter Bongiorno, codirector de Inner Source Health en Nueva York, incluso han relacionado a estas (específicamente bajo la forma de hidroterapia) con resultados beneficiosos en el tratamiento de la depresión y la ansiedad.

Sin embargo, incluso si no sufrimos uno de esos trastornos, luego de una ducha fría nos encontraremos de mejor humor. Todo porque nuestro organismo estará más activo y nos sentiremos mucho más enérgicos.

En un principio, encontrar la voluntad para hacer de las duchas frías un hábito puede ser difícil. Pero, sabemos que no es una misión imposible. Como muestra, solo hay que ver a Wim Hof, el famoso hombre capaz de resistir temperaturas heladas sin que su cuerpo cambie la suya. Hof ya ha compartido sus técnicas y ha revelado que el control de su respuesta al frío se ha convertido en un desafío más mental que psicológico.

Es claro que probablemente ninguno de nosotros tenga la intención de llegar a los niveles extremos de Hof. Sin embargo, sabiendo ya todos los beneficios que nos traen las duchas frías, podríamos seguir su ejemplo y mentalizarnos para convertirlas en una sana costumbre.

Referencias:

Human responses to cold: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17929604/

Temperature homeostatis and work efficiency in the cold: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17929637/

 

Fuente: TekCrispy


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