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“Pompeya me trajo mala suerte”

dice una canadiense al devolver unos restos arqueológicos robados


No resistió a la tentación de llevarse un trozo de historia de Pompeya y cargó en su bolso dos restos de mosaico, un fragmento extraído de una pared de una domus y dos pedazos de ánforas. La canadiense Nicole, que tenía 21 años cuando visitó Pompeya, regresó a su país entusiasmada con la idea de que poseía un pequeño tesoro milenario que “ninguna otra persona podía tener”: restos arqueológicos de la antigua ciudad romana sepultada por la erupción del Vesubio en el 79 d.C.

Pero desde entonces su vida cambió: ha tenido dos tumores de mama, problemas económicos familiares y otras desventuras. La joven canadiense pensó que una "maldición” se había apoderado de ella. Echó la culpa de sus desgracias a esos objetos pompeyanos robados, que le transmitieron “mucha energía negativa”.

Ahora los ha devuelto porque está convencida que solamente le han traído “mala suerte”. Nicole lo ha contado todo en una carta que, en un paquete con los restos arqueológicos robados, ha mandado a una agencia de viajes Pompeya. En el mismo paquete había otra carta, también escrita en inglés, en la que un matrimonio canadiense pedía perdón por otro robo y devolvía unas piedras robadas de Pompeya. El envío es anónimo. Solo había un sello canadiense en el paquete. El propietario, sorprendido por el contenido, lo entregó a los carabineros.

En la carta, Nicole cuenta la maldición que la persiguió tras su viaje a Pompeya, admite “haber aprendido la lección” y expresa su arrepentimiento: “Ahora tengo 36 años y he tenido cáncer de mama dos veces, la última acabó en una mastectomía doble. Mi familia y yo también tuvimos problemas económicos. Somos buenas personas y no quiero que esta maldición pase a mi familia o mis hijos. Por ello, perdonadme por el gesto que hice años atrás, aprendí la lección, estoy pidiendo el perdón de los dioses. Solo quiero deshacerme de la maldición que ha caído sobre mí y mi familia. Lo siento mucho, un día volveré a vuestro bello país para disculparme en persona”, concluye Nicole.

En el mismo paquete había otra carta de un matrimonio canadiense, Alastain y Kimberly. También ellos estuvieron en el Parque arqueológico de Pompeya y quisieron llevarse un recuerdo de su visita. En su carta piden perdón: “Les devolvemos estas piedras que mi esposa y yo tomamos mientras visitábamos Pompeya y el Vesubio en 2005. Las cogimos sin pensar en el dolor y sufrimiento que estas pobres almas experimentaron durante la erupción del Vesubio y la terrible muerte que tuvieron. Lo sentimos y por favor perdonadnos por haber tomado esa terrible decisión. Que sus almas descansen en paz”, escribe en su carta el matrimonio canadiense.

No es nuevo el fenómeno de devolución de restos arqueológicos robados en la antigua ciudad romana. Pompeya ha dedicado incluso un área a esos objetos restituidos, constituyendo una especie de museo. Incluso se llegó a hacer una exposición con el título “Lo que me llevo de Pompeya". Entre las cartas recibidas en el pasado está la de un turista español que había robado un trozo de escayola decorado: “Lo devuelvo porque ha sido la causa de desventuras y desgracias familiares”.

Se ha escrito de la maldición Tutankamón o la venganza de Moctezuma. Abundan las leyendas sobre las desgracias que caen sobre turistas inciviles o contra los “profanadores” de excavaciones arqueológicas. Igualmente, Pompeya no bromea y parece tomarse su “venganza” causando mala suerte a quienes se llevan un trozo de sus restos arqueológicos milenarios.

Fuente: ABC cultura


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