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Un manatí

La bella historia que cambió la vida de una población


Ocurrió en una mañana, en agosto del año 1998, cuando el extraño mamífero acuático apareció en Puerto Nariño para cambiar la historia de esta población ubicada en Amazonas.

Se trataba de un manatí. En aquel entonces, los pescadores de Puerto Nariño desconocían la especie. Solo la cazaban para el autoconsumo, o, en muchos casos, la mataban por miedo a lo que pudiera hacer, ya que no sabían qué clase de mamífero era.

La cría tenía una herida causada por una flecha en su costado izquierdo, medía cerca de un metro de largo, pesaba 15 kilos y, según expertos, tenía alrededor de cinco semanas de nacida.

Fue el señor Gonzaga, un hombre querido en este municipio, quien en ese entonces la compró para llevarla a un pequeño lago, donde finalmente la entregó a Alejandra
Galindo, encargada de la fundación Omacha.

Puerto Nariño es una pequeña población en la que habitan cerca de 8.000 personas. Se encuentra ubicada a orillas del río Loretoyacu y es uno de los destinos turísticos más visitados del departamento.

En este lugar se encuentra la jurisdicción indígena Aticoya, un resguardo que agrupa a las etnias Ticuna, Cocama y Yagua.

Al mamífero decidieron llamarlo Airuwe –que en dialecto Ticuna significa ‘Manatí’– y lo que pasó durante ese tiempo de su llegada es aún hoy, 22 años después, motivo de orgullo para una comunidad que encontró en este animal una forma de reconciliación con la naturaleza.  

La herida de Airuwe se infectaba. Habitantes de este municipio señalan que en aquel entonces fue necesario contactar a un veterinario en Estados Unidos para que viniera a atender al mamífero, su nombre era Gregory Bossart.

Karina Laureano Benítez, quien hace parte de la Fundación Natütama, asegura que gracias a la llegada de este experto, además de la presencia de jóvenes biólogos que en ese momento realizaban labores en la Fundación Omacha, se empezaron los cuidados de Airuwe.

“La alimentación fue difícil, ellos tienen una dieta rigurosa, en vía silvestre las crías se alimentan con leche materna –recuerda Karina–. Por eso, fue necesario darle leche de soya con un suplemento vitamínico que había que suministrarle entre cinco y seis veces al día”.

Con el propósito de evitar que la herida se agravara, fue necesario movilizar a la criatura a una alberca que tenía agua de lluvia. Para ese momento, Airuwe ya había pasado por tres fincas de Puerto Nariño, esta vez llegaba a la alberca de la familia Muñoz.

En cuatro meses pudieron sanar la herida. Más adelante, como la alimentación del manatí era tan costosa, las mujeres que hacían parte de la Fundación Omacha lograron que Salud Colpatria donara, a través del Club de amigos del manatí, los suplementos y el alimento de Airuwe.

Para aquel momento, Airuwe ya medía metro y medio, pesaba 75 kilos y tomaba cuatro litros de leche diarios. Fue cuando quienes lo cuidaban decidieron suministrarle plantas acuáticas, pues eran necesarias dentro de su dieta y vida silvestre.

“El animal fue creciendo y la gente empezó a trabajar para su cuidado –rememora Karina–. Fue en ese momento que la comunidad conoció al manatí, cuando empezaron a cuidarlo. Todos, todos, venían a verlo, a colaborar con su cuidado y se acercaron más a él”.

Como Airuwe crecía y crecía, fue necesario construir una piscina en la parte trasera de la Fundación para que se moviera con mayor libertad. Los encargados de cuidarlo se metían al agua con él, lo abrazaban y jugaban para que sintiera el calor de una familia.

Cada vez eran más las personas que se acercaban a contemplarlo, a conocerlo, cada habitante de Puerto Nariño aprendía más de los manatíes. No obstante, sus cuidadoras ya empezaban a sugerir la idea de liberarlo en el río.

Antes de su liberación, Airuwe llegó a la última finca de Puerto Nariño, la de Sorayda Velosa, era una piscina extensa donde todos lo acompañaban para vigilar que estuviera fuerte cuanto tuviera que ser liberado.  

Antes de llevarlo al lago Tarapoto (que hace parte de la Lista de Humedales de Importancia Internacional de la Convención Ramsar) para su liberación, Casimiro Ahué, Demetrio Silvia, Misael Ahué, Pedro Ahué y Francisco Silva, un grupo de pescadores de Puerto Nariño, se capacitaron para poder contribuir en el proceso de monitoreo de Airuwe.

En una gran caravana, en la que participaron casi todos los habitantes del pueblo, se llevó a cabo la liberación de Airuwe en febrero del 2002, cuando pesaba casi 400 kilos.

Para aquel entonces, los expertos decidieron amarrar un cinturón con un radio transmisor al manatí para continuar el monitoreo de su vida en libertad.

“Esto permitió tener datos específicos del animal –explica Karina–. Gracias al monitoreo se pudo saber qué comía, dónde estaba, cuántas veces al día salía a respirar, en fin. Para esto fueron muy útiles los pescadores, quienes vigilaban sus andanzas, además de que empezaron a construir todo un aprendizaje de conservación para evitar la caza de esta especie”.

A raíz de la experiencia que Puerto Nariño vivió con el rescate de Airuwe, la comunidad empezó a apuntar hacia un proceso de conservación que agrupó también a otras especies como el delfín rosado y el pirarucú (un tipo de pez que se da en estas aguas del Amazonas).

Es así como nace, aparte de la Fundación Omacha, el Centro de Interpretación Ambiental Natütama –otra palabra del dialecto Ticuna que significa ‘El mundo debajo del agua’–.

Los primeros que hicieron parte de este proyecto fueron los pescadores, quienes cumplían la función de vigilar y proteger a las especies, así como también educar a otros cazadores para que se detuviera la persecución de estas especies y aprender a ser responsables con el ecosistema.

Las amenazas sobre el manatí todavía persisten, es por esto que los miembros de esta fundación insisten en hacer un llamado a los visitantes para que sean responsables en sus actividades turísticas.  

Fuente: El País


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