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¿Eres piedra o plastilina?

Del viento aprendí que el árbol más rígido es el árbol más frágil


¿Te gustaría saber si eres una persona con un Belt de Éxito Interior alto o bajo? La respuesta está en los símiles de la piedra y la plastilina. Así, cuanto más cerca estés de ser piedra, más bajo será tu Belt; y cuanto más cerca estés de ser plastilina, más alto. Y por supuesto, en consecuencia, cuanta más personalidad piedra, menor grado de felicidad; y cuanta más personalidad plastilina, mayor grado de felicidad.

Un día hice una sesión de coaching con Mónica, una persona súper-entusiasta, con una personalidad arrolladora pero dulce, que se mueve a gran velocidad y con un nivel de inteligencia muy elevado. Me contó que su problema principal era que no conseguía encontrar al chico de sus sueños. Le pregunté por qué, y, tras escucharla hablar durante varios minutos, llegó a la conclusión de que a la primera conversación que tenía con cada uno de los que pudieran interesarle, ya los había descartado por considerarlos insuficientemente inteligentes. Sin opción a duda, en su mente consideraba que el problema lo tenían ellos. Pero la realidad es que el problema no estaba en aquello que ellos le podían ofrecer, sino en su incapacidad para predisponerse a recibirlo. Le conté el símil de la piedra y la plastilina y me di cuenta del poder tan grande que tiene una sola historia cuando al oírla desde fuera, algo hace clic desde dentro. A Mónica le hizo ese clic.

Éstas son las propiedades de la piedra y la plastilina. La piedra, por encima de todo, se caracteriza por la rigidez. La plastilina, por encima de todo, se caracteriza por la flexibilidad y la adaptabilidad. Cuando eres piedra, tu rigidez te lleva a ver la vida blanco-negra, eres categórico, tienes líneas rojas que no permites que nadie cruce, y estás dispuesto a emplear toda tu exigencia para proteger las reglas que tú mismo has creado, usando tu fuerza si fuera necesario. Mantienes tu forma (de ser, de actuar) sin predisposición de adaptarte a la de nadie. Por tanto la piedra, que no está dispuesta a moldearse, nunca cede en su firmeza. Es implacable, y como consecuencia de su dureza y rigidez puede llegar a hacer mucho daño. La plastilina no. La plastilina es blanda, suave, agradable, adaptable, flexible...

¿Qué implicaciones tiene todo esto? Que las personas-piedra, como resultado de toda la descripción anterior, son las personas que más sufren. Cuando creas un criterio firme de reglas y estipulaciones sobre cómo debe actuar el mundo y cómo debe ser la vida, acabas de crearte tu propio campo de minas. Cada vez que algo no cumpla tus criterios de rigidez, estará explotando una de esas minas, y en consecuencia, tú sufrirás. Sólo hay explosiones allá donde hay minas, ya que de no haber habido minas, no habría habido explosiones.

Imagínate que alguien desenfunda una poderosa espada dispuesta a agitarla con todas sus fuerzas. Cuando esa espada golpee la piedra, ésta se partirá en dos. Pero sólo se parte en dos porque es rígida. Si no lo fuera, no se partiría. Ése es el peligro de la rigidez. En cambio, cuando esa espada golpea la plastilina, ésta no se quiebra, sino que simplemente encaja el golpe. La espada representa los reveses que te da la vida. Cuando somos piedra, nos quebrantamos ante ellos. Cuando somos plastilina, nos adaptamos y los encajamos.

Por último, la piedra representa la arrogancia; y la plastilina, la humildad. La piedra no cambia. Y todo aquello que no está predispuesto al cambio, no está predispuesto a la mejora, pero donde no hay mejora, no hay crecimiento. Éstas son las frases que usan las personas-piedra: «Yo soy así»; «Si no te gusta como soy, problema tuyo»; «Siempre he tenido esta creencia y no la voy a cambiar ahora». En el caso de Mónica: «O me convence tu inteligencia en cinco minutos, o descarto todo el resto de virtudes que pudieran enamorarme». Éstas son las frases que usan las personas-plastilina cuando ven una oportunidad de mejora: «Estoy dispuesto a modificar mi forma [de pensar, de ser] anterior por una forma nueva»; «Estoy dispuesto a recibir primero y descartar después, y no al revés»; «Hasta ahora he sido así, pero estoy dispuesto a cambiar y por tanto, a crecer».

La humildad... sana

Cuando Mónica entendió esto, se dio cuenta de que había sido piedra. Estaba aplicando la rigidez de sus reglas con respecto al chico de sus sueños, y, en consecuencia, se estaba perdiendo incluso a los mejores candidatos. Siendo piedra no conseguía encajar con nadie, ya que las piedras no tienen poder de encaje. Le pedí que empezara a detectar cuáles de sus comportamientos eran propios de la piedra y a imaginar cómo cambiarían si fueran propios de la plastilina. No detectó uno ni dos ni tres... detectó decenas. Y al convertirse en plastilina se adaptó a la nueva situación... y encontró a su Romeo. No, no era un coche.

Fuente: ABC Bienestar


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