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Inmunidad al Covid-19

¿Cómo funciona realmente?


Los estudios sobre el COVID-19 nos han llevado a aprender más sobre el virus, lo que puede causar y cómo nuestro organismo maneja la inmunidad ante él. Sin embargo, aún con el año a punto de acabar, son pocos los datos que tenemos verdaderamente seguros sobre este último tema.

Por esto, es importante revisar los hallazgos más recientes al respecto, para conocer la opinión más detallada que la ciencia ha podido crear hasta la fecha. Para esto, es necesario que miremos tres puntos vitales de la inmunidad: los anticuerpos neutralizantes, las células T y las células B.

¿Cómo funciona realmente la inmunidad contra el COVID-19?

Estudios realizados a mitad de este año revelaron que el proceso de inmunidad contra el COVID-19 es menos estable de lo que creemos. Por ejemplo, los anticuerpos neutralizantes, que aparecen en gran medida al inicio de la respuesta inmune, van mermando con el paso de los meses.

Igualmente, las células T –que suelen ser más constantes que los anticuerpos– aparecen después, junto a las células B. En general, ambas van disminuyendo poco a poco y suelen establecerse a niveles bases a los 6 meses. Por lo que, al menos, dan señales de ser capaces de estabilizarse y no de desaparecer por completo.

Sin embargo, para poder entender en detalle lo que cada una de estas células significa para el organismo, es necesario dar un vistazo más cercano a cada una.

Para empezar, es necesario decir que estos se tratan de la primera alternativa en la que se piensa a la hora de hablar de la inmunidad contra el COVID-19. Básicamente, estos son los “primeros soldados” que libera el organismo al desencadenar una respuesta inmune.

Según han revelado otros estudios, su existencia en el organismo es clave para suprimir el coronavirus. Sin embargo, su sola presencia no es suficiente. De hecho, incluso si está presentes pero en bajas cantidades, el contagio aún es posible.

Células T

Por su parte, las células T, también conocidas como células asesinas T, no son las primeras guerreras en el campo de batalla. Pero definitivamente son de las más fuertes.

Tal como su nombre lo indica, estas células aparecen en el organismo con una misión: asesinar al intruso. Mientras las células neutralizantes simplemente evitan que virus como el SARS-CoV-2 proliferen, las células T los eliminan por completo. De allí que ahora también se las vea como una de las opciones más prometedoras para asegurar la inmunidad contra el COVID-19.

Por si fuera poco, se habla de que las células T pueden funcionar a través de la “reactividad cruzada”. Es decir, haber aparecido para atacar otro tipo de coronavirus, pero igualmente ayudar a contrarrestar el nuevo SARS-CoV-2. Por ahora, no se ha estudiado en detalle esta posibilidad, pero definitivamente se levanta como una esperanza para enfrentar el virus a la larga. Además de que explica cómo casi el 70% detectados actualmente son asintomáticos.

Células B

Finalmente, las células B vienen a actuar como la “memoria” del sistema inmunológico. Gracias a ella, el cuerpo es capaz de reconocer amenazas pasadas. Debido a esto, en lugar de lanzar respuestas inmunes generalizadas, de inmediato envía a las células T especializadas a hacer su trabajo.

Como resultado, las personas tienen una posibilidad mucho menor de contagiarse, ya que el organismo puede actuar más rápido contra el intruso. No obstante, coronavirus estacionales como la gripe usualmente mutan tan rápido que la utilidad de las células B disminuye.

Por ahora, no parece haber señales de que el SARS-CoV-2 sea capaz de mutar tanto. Efectivamente, ya hay varias cepas de este pero, en general, siguen compartiendo una misma base que permite tratarlas con las mismas herramientas. Lo que, a su vez, indica que el organismo puede contrarrestarla con las mismas células defensoras y anticuerpos.

¿Y la reinfección?

Sin embargo, esto no implica que la reinfección no sea posible. De hecho, según las últimas investigaciones, los anticuerpos y células necesarias para protegernos del COVID-19 parecen permanecer en nuestro cuerpo tan solo por 7 meses. Afortunadamente, estas no desaparecen por completo, algo que parece explicar por qué las segundas infecciones suelen ser mucho más leves o totalmente asintomáticas.

¿Cómo afecta la inmunidad al COVID-19 la efectividad de las vacunas contra este?

Claramente, la inmunidad al COVID-19 depende de la respuesta que dé nuestro sistema inmunológico. En general, lo que las vacunas hacen es aumentar dicha reacción para aumentar la cantidad de anticuerpos y la formaleza general de estos.

Gracias a eso, se obtiene una protección que tiende a ser más fuerte y más estable que la inmunidad natural. Por ahora, alternativas de vacunas como las de Moderna, Pfizer/BioNTech y Oxford/AstraZeneca ya han comprobado que sus candidatas pueden generar tales reacciones potentes.

Ahora, es necesario hacer seguimiento a estas vacunas para poder comprender si la reacción inmune que producen es más larga que la de la inmunidad natural. Igualmente, será necesario ver si educan y crean suficientes células B como para que el organismo sepa defenderse si el SARS-CoV-2 intenta atacarlo de nuevo.

Referencias:

Neutralizing antibodies correlate with protection from SARS-CoV-2 in humans during a fishery vessel outbreak with high attack rate. Journal of Clinical Microbiology: http://dx.doi.org/10.1128/jcm.02107-20

Longitudinal evaluation and decline of antibody responses in SARS-CoV-2 infection. Nature Microbiology: http://dx.doi.org/10.1038/s41564-020-00813-8

Fuente: TekCrispy


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