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Cómo afrontar con energía positiva

el nuevo año


Aunque para algunas personas el «odioso» (o ponga aquí el adjetivo que mejor lo describa en su caso) 2020 ha sido un año agitador, revelador y esclarecedor sobre sus debilidades y fortalezas para otras personas ha sido un año baldío y caracterizado por el hastío, la desmotivación y la falta de planes o expectativas. Pero con el arranque de un nuevo año algo se mueve en nuestro interior y nos invita a interpretar esos dos pasos atrás (o más) que hemos dado en el año de la pandemia como una manera de «coger carrerilla» y avanzar con más fuerza. Eso sí, hacer esa interpretación requiere primero sentar unas bases sólidas, que explica la psicóloga y doctora en Neurociencia, Ana Asensio. Por un lado, la experta invita a conectar con el sentimiento de que hemos desarrollado una vuelta a los valores esenciales, tan útiles para la felicidad como el agradecimiento, la esperanza, la confianza, la paciencia y la generosidad.

Y, por otro, plantea la necesidad de hacer un recorrido por lo aprendido en 2020 para comprender que muchos de los momentos que hemos experimentado nos dejan también un gran aprendizaje de vida.

De cara al próximo año apunta que nuestros propósitos tendrán que ser realistas y depender principalmente de nosotros. «Recuerda que lo único que depende de ti es tu actitud y, si te centras en desarrollarla, tienes muchos puntos para vivir una vida realmente feliz», aconseja.

Pero esos propósitos realistas no implican que no se pueda seguir soñando, seguir siendo niños y seguir teniendo ilusiones, sino que simplemente hemos de estar abiertos a cambios de planes y a la flexibilidad necesaria para adaptarnos a lo que la vida nos va ofreciendo.

Claves del cambio de actitud

1. Ser consciente de que deseo un cambio de actitud y además que así lo elijo: «Me doy cuenta».

2. Tomar la decisión de cambiar de actitud: «Yo quiero».

3. Determinar sobre qué quiero cambiar y en donde quiero poner el foco de mi actitud: «Sé lo que quiero o no quiero».

4. Mostrar intención y voluntad en ello: «Lo voy a hacer».

5. Elaborar un plan: «Sé cómo voy a hacerlo».

6. Pasar a la acción con un plan que me ayude a reorientar esa mirada al mundo que deseo tener: «Lo hago».

7. Me felicito por ello: «Me cuido y me quiero».

¿Y qué pasa con los planes pospuestos?

Tal como explica Asensio, en este contexto es necesario (y quizás vital) acostumbrarnos a este modo de vida, más presente, con proyectos a corto plazo y con la variable «cambio de planes» en nuestra vida con una mayor aceptación y una normalidad que nunca habíamos vivido hasta ahora.

Este cambio de paradigma es un auténtico reto, según aclara, pero también abre infinitas puertas a la flexibilidad y las posibilidades de la vida. «¡Cuántas veces teníamos la idea de una cosa y al cambiar de planes nos ha sucedido algo maravilloso!, ¡Cuántas veces aquellas cosas que surgen de la improvisación han sido las más disfrutadas, sin expectativas, con entrega al momento presente y con apertura!», apunta Asensio. Para la psicóloga, vivir a corto plazo no quiere decir que no se pueda planificar o que nos dejemos llevar por el caos o el libre albedrío, sino que significa que cambiemos el plan estático por la posibilidad o por el deseo, teniendo siempre presente que existe la posibilidad de que algo cambie y que no por eso se acaba el mundo.

Cómo gestionar el estrés y la ansiedad

Desde el punto de vista fisiológico, Asensio afirma que las tres herramientas que más pueden ayudar a gestionar el estrés y la ansiedad y a desactivar esos constantes pensamientos que nos llevan a rumiar hechos futuros y recuerdos pasados son la respiración, la meditación y la relajación. «Cada una de ellas tienen variantes útiles y cada persona debe encontrar cuál es la que mejor le viene o la que más le beneficia», aclara.

También es posible gestionar el estrés desde el ámbito del pensamiento de modo que el positivo domine al negativo. Esto quiere decir, según revela la psicóloga, que el pensamiento que nos circunde la cabeza ha de estar orientado hacia las soluciones y hacia las actitudes que nos van a beneficiar en lugar de ser catastrofista y temeroso.

Las relaciones con otras personas y nuestros hábitos de vida también pueden ayudar pues tenemos que valorar si lo que estamos haciendo nos resta salud o, por el contrario, lo que hacemos en nuestra vida (alimentación, ejercicio, descanso, relaciones personales, aficiones...) nos aporta o no bienestar.

La gestión del tiempo, la clave

Ser conscientes del tiempo que tenemos diariamente.

Ser conscientes de qué quiero hacer con mi tiempo cada día, determinar lo importante para cada uno.

Tener un «cuaderno de vida», y escribir en papel todo lo que ronda la cabeza, de manera que podamos liberar a ésta de los «debo», «debería», «tendría que...» y evitar de esta manera frases del tipo «no me da la vida» por frases del tipo «esta semana no lo tengo programado».

Distinguir lo urgente de lo importante o de lo prioritario.

Hacer una lista de prioridades y una prioridad por día, con calma, sin estresar la agenda.

Hacer una estructura de día realista, amable y productivo donde incluyamos desde el trabajo al tiempo para nosotros, la llamada amorosa, el deporte, familia… y el sueño.

Ser amable y respetuoso con uno mismo y con el valor personal del tiempo.

Fuente: ABC Bienestar


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