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La artritis reumatoide (AR)

Si no se trata de forma correcta, puede deparar una incapacidad laboral permanente.


La artritis reumatoide es una enfermedad que afecta a todos los ámbitos de la vida, los personales, familiares, laborales, de ocio entre otros, de las personas que la padecen no siempre sabemos afrontarla de forma adecuada debido al gran desconocimiento social que hay sobre la enfermedad.

Del mismo modo, la artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune crónica caracterizada por una inflamación de las articulaciones, aunque también puede afectar a otros órganos. Si no se trata de forma correcta, puede deparar una incapacidad laboral permanente, una importante pérdida de la calidad de vida y un acortamiento medio de la supervivencia de unos cinco años.

Cabe resaltar, que en España, según el estudio Episer, cerca del 0,5% de la población padecería de artritis reumatoide, es decir, entre 200.000 y 250.000 personas. Aunque en los últimos años la incidencia de esta enfermedad no se ha modificado, sí se ha producido un incremento en su diagnóstico, sobre todo debido a los avances en el campo de la reumatología, en particular el desarrollo de nuevas pruebas diagnósticas y la creación de las llamadas Consultas de Artritis de Reciente Comienzo (CARC). Por fortuna, también ha mejorado notablemente el pronóstico de esta enfermedad, y no sólo porque los pacientes se diagnostican y tratan antes, sino también porque actualmente se dispone de tratamientos más eficaces.

Evidentemente, la AR es mucho más frecuente en el sexo femenino que en el masculino y en general aparece en personas adultas mayores, aunque hay que tener en cuenta que puede iniciarse en cualquier etapa de la vida y afectar a cualquier persona, con independencia de la raza, el sexo y los hábitos de vida.  La evolución de la AR está ligada a la inflamación articular y es muy variable. En algunas personas, cesa de forma espontánea. Sin embargo, en la mayoría de los casos evoluciona durante muchos años, incluso de por vida, siendo característica la alternancia de períodos de exacerbación sintomática («brotes sintomáticos»), que suelen durar unas cuantas semanas o unos pocos meses, con períodos de calma relativa o absoluta.

Sin embargo, sin el tratamiento oportuno, los brotes sintomáticos tienden a ser más frecuentes y duraderos, hasta provocar una progresiva limitación de la movilidad articular y la aparición de ciertas deformidades esqueléticas características. Por ello, en ausencia de tratamiento, lo más habitual es que la AR depare un importante deterioro de la capacidad funcional y la calidad de vida.

En efecto, el tratamiento de la AR consiste en una serie de medidas generales relacionadas con el estilo de vida, fundamentalmente con el reposo y el ejercicio, junto con una terapia farmacológica en la que se emplea una amplia gama de medicamentos. Además, en algunas situaciones se recurre a la cirugía para reducir el dolor, ampliar la movilidad o corregir una deformidad esquelética.

Por consiguiente, es importante tomar en cuenta que los mejores resultados terapéuticos se consiguen cuando se procede a un diagnóstico precoz y se establece el tratamiento en las fases iniciales de la enfermedad. Las personas afectadas deben acudir a los controles médicos periódicos que se programan con el propósito de vigilar la evolución de la enfermedad y respetar de manera rigurosa las indicaciones impartidas por los facultativos. No olvides acudir al médico a tiempo y prevenir está y otras enfermedades. 


Hermilys Fontanive

Hermilys Fontanive

Licenciada en Comunicación Social, mención Publicidad y Relaciones Públicas. Locutora. Asesor(a) en Investigación. Presidente de la Fundación Deportiva y Educativa Somos Más para la Formación y Capacitación (Fundesforca) en Venezuela.

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