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El desarrollo cognitivo

Proceso para desarrollar su inteligencia


En ocasiones sólo pasamos el tiempo haciendo las cosas sin buscar la lógica y creemos que el crecimiento del ser humano es simplemente dejarse llevar por pautas ya preestablecidas para toda situación, y dejamos de lado que desde la infancia el cerebro va desarrollando la inteligencia de cada cual, de manera que la persona va adquiriendo conocimientos que serán huella en cada etapa de su vida, y es lo que se conoce como: El desarrollo cognitivo.

Por ende, el desarrollo cognitivo es el proceso por el que una persona va adquiriendo conocimientos sobre lo que le rodea y desarrollar así su inteligencia y capacidades. Comienza desde el nacimiento y se prolonga durante la infancia y la adolescencia.

En efecto, los estudios neurológicos demuestran que los primeros años desempeñan un papel clave en el desarrollo del cerebro del niño. Los bebés comienzan muy pronto a aprender cosas acerca del mundo que les rodea, incluyendo durante los periodos prenatal, perinatal (inmediatamente antes y después del nacimiento) y posnatal.

Evidentemente, el desarrollo emocional, social y físico de un niño pequeño tiene un impacto directo en su desarrollo general y en el adulto en el que se convertirán. Por esto es muy importante comprender la necesidad de invertir en los niños pequeños, ya que así se maximiza su bienestar en el futuro.

Tomando en cuenta, que las primeras experiencias de un niño, los vínculos que forman con sus padres y sus primeras experiencias educativas, afectan profundamente su desarrollo físico, cognitivo, emocional y social en el futuro. Desde el momento en que nace hasta que cumple los dos años, el bebé adquiere una mejor percepción de lo que le rodea así como de sus propios movimientos. Este ya nace con una serie de reflejos que le permiten empezar a comprender la causa y las consecuencias de las cosas desde su primer mes de vida.

Destacando, que en los siguientes meses el bebé ya utiliza sus sentidos, relacionándolos entre sí, y aprende mediante patrones de conducta o la imitación, lo que le ayuda incluso a prevenir qué va a pasar. Sin embargo, en esta etapa el bebé aún no comprende la permanencia de los objetos, y no concibe su existencia cuando éstos no están dentro de su campo de visión.

Sin obviar, que la curiosidad es el principal motor que hace que el bebé adquiera los esquemas mentales necesarios para desarrollar su conocimiento. La experimentación es la forma en que tiene el niño de descubrir la funcionalidad de los objetos. Hacia el final de esta etapa, ya es capaz además de proyectar una acción en su mente para deducir si esta funcionará o no.

Sin embargo, durante los primeros años de vida, y en particular desde el embarazo hasta los 3 años, los niños necesitan nutrición, protección y estimulación para que su cerebro se desarrolle correctamente. Los progresos recientes en el campo de la neurociencia aportan nuevos datos sobre el desarrollo cerebral durante esta etapa de la vida. Gracias a ellos, sabemos que en los primeros años, el cerebro de los bebés forma nuevas conexiones a una velocidad asombrosa, según el Centro para el Niño en Desarrollo de la Universidad de Harvard, más de 1 millón cada segundo, un ritmo que nunca más se repite.

También, mediante el proceso de desarrollo cerebral, los genes y las experiencias que  viven concretamente, una buena nutrición, protección y estimulación a través de la comunicación, el juego y la atención receptiva de los cuidadores,  influyen en las conexiones neuronales. Esta combinación de lo innato y lo adquirido establece las bases para el futuro del niño.

Así pues, demasiados niños y niñas se ven privados de tres elementos esenciales para el desarrollo cerebral: “comer, jugar y amar”. En pocas palabras, no cuidamos del cerebro de los niños de la misma manera en que cuidamos de sus cuerpos.

Es importante, dar a conocer que desde los siete a los 11 años. El pensamiento del niño cada vez se parece más al de un adulto, y comienza a establecer relaciones entre los objetos, a reflexionar de manera lógica sobre ellos (sólo los reales, no los abstractos), e incluso es capaz de adoptar otros puntos de vista aparte del suyo. El niño también puede ordenar y clasificar objetos de manera jerárquica, distinguiendo entre los que son similares o diferentes e incluso establecer un orden entre ellos.

Igualmente, desde los 12 años y durante la adolescencia. El niño ya es capaz de pensar de manera abstracta, intuyendo las consecuencias que pueden tener acciones que realice o no durante el presente. También puede razonar sobre representaciones mentales que no sean reales. El razonamiento y la reflexión, por tanto, comienzan a ser realmente eficaces a la hora de comprender el mundo que tienen alrededor. Con ellos alcanzan deducciones sobre la realidad más complejas que antes.

Es por ello, que es fundamental que no limitemos a los niños, dejar que sean ellos bajo una seria de normas, valores, y educación, su proceso cognitivo será más productivo y tanto como el padre, la madre y/o representante serán pieza clave para formar un adulto creativo, capaz de tomar sus propias  decisiones y por supuesto dejar huella de crecimiento positivo para aquellos que van iniciando el ciclo de la vida. “No frenes a tus hijos, dales herramientas para crecerá a la velocidad que a ellos mejor les parezca”.

 


Hermilys Fontanive

Hermilys Fontanive

Licenciada en Comunicación Social, mención Publicidad y Relaciones Públicas. Locutora. Asesor(a) en Investigación. Presidente de la Fundación Deportiva y Educativa Somos Más para la Formación y Capacitación (Fundesforca) en Venezuela.

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