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Así ha influido el aumento de la humedad del clima escandinavo

en el actual auge del precio del Bitcoin


Escandinavia ha gozado en los últimos meses de su clima más húmedo en dos décadas. No sería raro descubrir que ese hecho ha tenido algún tipo de consecuencia económica... pero quizá sí sorprenda que esté relacionado con la reciente revalorización del Bitcoin.

En la jerga de las criptodivisas, las nuevas unidades de esta moneda se “minan”: es decir, se ponen en circulación gracias a la potencia de cálculo puesta en marcha por los “mineros”, usuarios que suelen recurrir para ello a grandes conjuntos de equipos informáticos.

En origen, los primeros bitcoins se minaron en PC’s normales y corrientes, pero con la popularización de esta criptomoneda y la complejidad del proceso de minería (siempre en constante crecimiento), éste ha quedado en manos de las llamadas “granjas”, salas de ordenadores que en muchos casos tienen el tamaño de hangares de aeropuerto.

Y eso exige grandes cantidades de gasto en electricidad. Y el precio de la electricidad en países como Suecia y Noruega lleva un tiempo situado entre los más baratos del mundo: en el caso de Noruega, disfrutó el año pasado del precio más bajo de entre los 30 países miembros de la Agencia Internacional de la Energía.

Y esto tuvo lugar gracias a un clima extraordinariamente húmedo que ha impulsado la producción de las centrales hidroeléctricas, rebajando los costos de la energía generada.

Durante el gran “boom” de las criptodivisas de 2016-2017, la región escandinava ya experimentó una gran popularidad entre los “mineros” de criptodivisas. Pero, después de eso, los bajos (e incluso nulos) márgenes de beneficio derivados de una subida de los costos eléctricos al tiempo que se desplomaba el del Bitcoin, hizo que muchos mineros abandonaran el negocio.

Su abandono concedió a países como Kazajistán, Mongolia o China un puesto preeminente entre los productores mundiales de Bitcoin. Pero el perfil político de dichos países asustaba a los inversores, que buscaban estabilidad y seguridad.

El cambio del costo energético en los países escandinavos les ha concedido la oportunidad a los “mineros” de retornar allí, y a los inversores de volver a invertir en países estables del mundo occidental. Resulta imposible no ver una correlación entre este hecho y la reciente recuperación de los precios máximos de cotización del Bitcoin.

En noviembre, la compañía holandesa de tecnología blockchain Bitfury Holding BV anunció que invertiría 35 millones de dólares en ampliar sus instalaciones en Noruega. Tyler Page, un desarrollador de negocios en Bitfury, afirmaba hace poco en declaraciones a Bloomberg que habían podido confirmar un creciente interés de los inversores por dicho país.

Curiosamente, mientras que la apuesta de Noruega por las energías verdes está en la base del nuevo auge del Bitcoin, sus enormes beneficios derivados de la explotación petrolera ha permitido también que su exitoso fondo soberano de inversión, el Oljefondet, haya empezado a invertir en dos empresas con importantes carteras en bitcoin: MicroStrategy y Square.

Teniendo en cuenta el valor de dichas carteras y el porcentaje de participación del Oljefondet en las mismas, resulta que actualmente cada ciudadano noruego es el propietario de al menos 0,000115578 BTC (unos 2,54 euros al cambio actual), aunque muchos de ellos no sepan absolutamente nada de criptomonedas.

Fuente: Genbeta


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