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Gratinado de calabacines con jamón y queso

Receta rústica


En la actualidad tenemos calabacines todo el año, pero esta hortaliza es especialmente suculenta (y abundante) en verano. Para aprovecharla al máximo no está de más conocer recetas más allá del pisto o la crema, y esta que hoy les traemos puede que se haga fija en nuestro repertorio culinario hogareño.

Nos topamos con la idea en un antiguo foro de recetas francés –a saber cómo hemos llegado hasta aquí– y en esta adaptación de receta podemos trabajar con el jamón que más nos agrade, en esta ocasión,  no hemos hecho más que cambiar el jamón ahumado por jamón serrano. No es una receta fotogénica, pero les prometemos que está mucho más rica de lo que parece: el calabacín queda súper suave y la salsa resultante te hará mojar una barra de pan como te descuides.

Ingredientes:

Calabacín 2

Queso 200 g

Hierbas provenzales

Sal

Pimientas variadas molidas

Diente de ajo 2

Jamón en lonchas 150 g (ahumado o serrano)

Aceite de oliva

Agua medio vaso

Preparación:

En primer lugar, corta los calabacines en rodajas de medio centímetro. En una sartén grande vierte un poquito de aceite de oliva y ve dorando el calabacín en tandas y, antes de sacarlo, echa la pimienta recién molida, un poco de hierbas provenzales y una pizca de sal (con cuidado, pues, el jamón y el queso ya llevan mucha). En la misma sartén puedes ir dorando el ajo en láminas.

Según van saliendo los calabacines, colócalos en una fuente para el horno, seguidos de un poco de ajo, una capa de jamón serrano en lonchas, y de una nueva capa de calabacines, y así sucesivamente. Continúa con la operación hasta finalizar con una última capa de calabacines.

Acaba el plato con el queso, que puedes desmigar con la mano para cubrir toda la fuente. Añade un último toque de pimienta y hierbas provenzales, el medio vaso de agua, y mete la fuente en el horno, a 180º.

Hornea los calabacines entre 20 y 40 minutos, dependiendo del horno, hasta que el queso empiece a dorarse. Sirve de inmediato.

Esta receta es muy completa y es un perfecto plato único, que pide mojar mucho pan, aunque también puede acompañarse de otro cereal: un poco de pasta, arroz blanco, cuscus o polenta. Para beber, le va bien un vino rosado, un tinto joven o un blanco tirando a afrutado. Y, como siempre, agua.

Fuente: Miguel Ayuso / Directo al Paladar


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