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Pan dulce con especias

Receta deliciosa y reconfortante


La repostería de otoño y de invierno huele a especias. Al menos así ha sido siempre en mi casa, donde tenemos una extraña mezcla de costumbres extranjeras. Cuando se acerca la Navidad lo que más me apetece hornear son masas aromáticas, panes, galletas o bizcochos, que adquieren diferentes nombres según la región (Lebkuchen, gingerbread, pain d´épice). Para esta receta de pan dulce de especias me he basado en la que podemos encontrar en Wild Yeast.

Aunque se le llame “pan” es una receta rápida que se asemeja a la preparación de un bizcocho, pero tiene una textura más compacta y firme, no esponjosa. La humedad de la masa proviene de la mezcla dulce de miel, agua y azúcar, ya que no lleva ningún tipo de grasa. La cantidad de especias se pueden ajustar al gusto, e incluso darle un toque final de glaseado sencillo si nos provoca.

Ingredientes:

Agua 230 g

Azúcar moreno 100 g

Miel 175 g

Ralladura de naranja 1

Harina de repostería 355 g

Mezcla de especias para pan de especias (canela, jengibre, nuez moscada, anís, anís estrellado, macis, clavo...) 10 g

Levadura química 10 g

Sal 1 buena pizca

Preparación:

Precalentar el horno a 175ºC y engrasar o forrar con papel sulfurizado un molde rectangular.

Poner en una sartén o cazuela ancha el agua con el azúcar moreno y calentar a fuego suave, hasta que el azúcar se haya disuelto. Retirar del fuego, añadir la miel y la ralladura de naranja, mezclando bien, y reservar.

Mezclar en un tazón grande la harina con las especias, la sal y la levadura química o impulsor. Formar un pequeño hueco y añadir la mezcla de miel. Trabajar todo junto con una espátula o cuchara grande hasta conseguir una masa homogénea.

Verter en el molde, igualando la superficie, y hornear durante unos 50-60 minutos, hasta que se haya dorado bien y al pincharlo con un palillo salga limpio.

Esperar 10 minutos fuera del horno, desmoldar y dejar enfriar totalmente sobre una rejilla.

El sabor tan aromático que tiene este pan dulce de especias lo convierte en el acompañamiento ideal de una taza caliente de té en una tarde fría. Al tener una estructura firme, se puede cortar en pequeñas rebanadas e incluso mojarlas en la bebida, o podemos optar por servir pequeñas porciones en una bandeja como si se tratara de galletas. Aguanta bien varios días si se guarda en un recipiente hermético.

Fuente: Liliana Fuchs / Directo al Paladar


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