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Los secretos para conseguir un caldo de pollo ligero y sin grasa

Pero con mucho sabor


Fuente: Carmen Tía Alia / Directo al Paladar

Preparar caldo en casa es algo tremendamente sencillo, sin embargo muy poco nos animamos hacerlos. Tendemos a utilizar las pastillas o cubitos de concentrado que están llenas de grasas y aditivos que, salvo excepciones, pecan de lo mismo. Pero hoy rompemos una lanza en favor del caldo casero, más saludable, ligero y sabroso. Compartimos nuestros secretos para conseguir aligerar el caldo y retirar la grasa sin sacrificar el sabor.


Si hacemos caldo en casa es porque somos capaces de apreciar la grandísima diferencia que hay entre el propio y el comercial. Aplicando estos tres trucos, el caldo quedará sabroso y ligero.

·                     Para intensificar el sabor del caldo tostamos los huesos y las carnes elegidas. En este caso, que hemos preparado un caldo de pollo, hemos tostado las carcasas y las alitas en el horno. Sin añadir nada de grasa, no lo necesitan.

·                     Usamos verduras frescas y variadas. Zanahoria, puerro (ajo porro), cebolla, nabo, apio españa y tomate son las más adecuadas. Las proporciones son importantes. Para un kilo de pollo recomendamos 100 gramos de cada una de las verduras elegidas, más un par de dientes de ajo, un ramillete de hierbas y tres o cuatro granos de pimienta.

·                     La grasa que contiene el pollo se traspasa al caldo. Es muy sencillo retirarla en frío, pues sube a la superficie y solidifica a baja temperatura. Si guardamos el caldo en la nevera hasta el día siguiente, será facilísimo librarse de ella.

·                     Por último, para rematar la faena, pasamos el caldo por un colador de malla fina y nos libramos de las pequeñas partículas de grasa que se nos han podido escapar en el paso anterior.

Ingredientes:

4 carcasas de pollo

4 alitas de pollo

1 ajo porro

1 nabo blanco

2 cebollas

2 zanahorias

Pimienta negra en grano

1 hoja de laurel

Tomillo fresco

Romero fresco

Preparación:

 

Colocamos las carcasas y las alitas de pollo en una fuente y las tostamos en el horno, precalentado a 250 ºC con calor arriba y abajo, durante 30 minutos. Mientras tanto lavamos, pelamos y cortamos todas las verduras.

Una vez tostado, pasamos el pollo a una cacerola amplia junto con las verduras troceadas, las hierbas y los granos de pimienta. Añadimos tres litros de agua y calentamos a fuego alto para que alcance el hervor. Entonces bajamos el fuego y cocemos durante una hora y media aproximadamente.

 

Desespumamos y retiramos las impurezas que suelta el pollo hasta que el caldo esté limpio. Es imprescindible que el fuego esté bajo. Si el agua hierve a borbotones las impurezas se mueven demasiado, la espuma se dispersa y la tarea de limpiar el caldo se termina convirtiendo en una batalla campal. Transcurrido el tiempo de cocción dejamos enfriar el caldo antes de colar.

 

Desechamos los trozos y guardamos el caldo en la nevera hasta el día siguiente. Retiramos la grasa que, con el frío, ha solidificado en la superficie y colamos el caldo para limpiarlo aún más. Ahora tan solo queda salpimentar el caldo de pollo o carne ligero al gusto y listo para tomar por sí solo o usar en otras elaboraciones.


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