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El Parque Negra Hipólita y Fernando Peñalver en 360º

Parte II


Listo, para esta segunda parte seguimos recorriendo en nuestros pasos las huellas de la naturaleza en el emblemático parque "Fernando Peñalver". En esta oportunidad nos quedamos sorprendidos por una estructura metálica que se logra camuflajear perfectamente con el verdor abundante de las plantas. Esa estructura se llama concha acústica que no es más de una especie de auditorio diseñado para proyectar el sonido naturalmente. Los tonos en el color de la estructura van de un verde profundo a un verde claro teniendo un escenario con piso de concreto en el cual se han presentado en otros momentos artistas regionales, nacionales e internacionales.

Seguidamente, allí montados en el escenario es posible visualizar un espacio bastante amplio, tan amplio como una cancha de fútbol profesional donde las personas pueden jugar o realizar actividades al aire libre sin molestar a otros visitantes. Fue en ese momento, donde se nos ocurrió jugar un rato con una pelota desinflada “el fusilado” se podrán imaginar la falta de aire para lo más “adultos” respiración tras respiración la vista se volvió un arcoíris y una sensación rara recorre el cuerpo para que de pronto se sudara frio… ¡Ya va! ¡Ya va! ¡tieeeeemmmmpo! De verdad que nos dimos cuenta en ese momento la necesidad de dejar de correr detrás de las camioneticas de pasajeros para ponernos serios y ser disciplinado en el trote continuo y lograr mejorar la resistencia del cuerpo.

Evidentemente, superado ese pequeño detalle orgánico, el diagnóstico de Pedro quien es miembro del grupo fue ¡Chamo, estamos viejos! Al comentario siguió una risa apresurada por todos pero que no nos quitó el ánimo de seguir explorando aquello que estábamos disfrutando. Mientras se pasaba ese momento me puse a pensar: No se trata de la edad, no se trata del juego, no se trata del grupo de amigos, no se trata de la naturaleza. Lo que se trata es como en todo ese recorrido que hasta ese momento se llevaba la mente y los corazones tenían otras razones para dejar de pensar en la situación política, social y económica del país. Se nos olvidó el precio de la harina o que la quincena nos duró tan sólo un par de días. Lo que se vivió allí va más allá del país, va tan lejos que nos encontramos con nosotros mismos y nuestra otredad, todos con olores “a guaralito de mono” diría mamá. Sudo, luego existo diría yo.

Sin duda, ya con las alas caídas llegamos a uno de los varios puentes que cruzan dentro del parque el río Cabriales. Entre el parque “Fernando Peñalver” y el “Negra Hipólita” nos dimos cuenta de precisamente que allí era unos de los límites naturales entre ambos. Un olor característico nos recordó la contaminación, el caucho y la basura allí abajo desilusiona las ansias de poder dejar que recorra el agua por nuestros pies. Que diferente sería si ese rio no estuviese allí recorriendo la ciudad de norte a sur o mejor aún que distinto sería si nosotros no estuviésemos allí para contaminar sino para cuidar aquello que nos da vida. La historia sería otra si otros fuesen los protagonistas. ¿Qué papel tienes tú en esta historia?

Además, a nuestra izquierda unas canchas múltiples y a nuestra derecha un parque vial para niños. Allí nos dimos cuenta que hubo una recreación bastante real de lo que sería un recorrido vial pues se observan semáforos funcionando, una estación de servicio tamaño infantil, aceras, pasos peatonales, rayado vehicular, señales de información y reglamentación vial. Siguiendo el recorrido vimos hacia el otro lado, a la Negra Hipólita. Si, una estatua para honrar aquella mujer que fungió como nodriza de nuestro Libertador Simón Bolívar. Allí en la descripción descubrimos la razón del nombre del parque que te invitamos a descubrirla en la lectura de la placa allí plasmada. A continuación, hacia el otro extremo vimos una especie de ancla de algún bote marino, una hélice de algún barco así como una bandera izada. De verdad nos sorprendió no ver una descripción de esas obras o partes de un todo pero no importa los nombres porque igual nos sedujo la majestuosidad y lo poco común que es ver esos elementos en la ciudad.

Resaltando, que varios locales de comidas nos invitan a degustar de la variedad de productos que ofrecen con un parque para niños al lado que hace que los más pequeños disfruten de los  toboganes y los columpios. La alfombra del parque estimula los receptores sensoriales de los pies. La libertad de sentir y de ver tantos colores hace que los niños sean llamados a jugar y a que todo lo que pueden reforzar de lo que aprenden en casa a esa edad allí está. Disculpa, perdón, primero las niñas… y seguimos nuestro recorrido entre ardillas y abundante vegetación para encontrarnos a lo lejos con algo que parece un cubo de rubic en tamaño real. Al aproximarnos nos dimos cuenta que son oficinas de tipo administrativas o espacios diseñados para el aprendizaje como una escuela de danza.

¡No faltaba más! El área de los piñateros. Igualmente allí puedes hacer reuniones para los más pequeños de casa rodeados de naturaleza. Una cumpleaños, un bautizo, un agasajo para la futura madre son los motivos que nos imaginamos deben ser recurrentes para el alquiler de esos espacios que son cómodos pues cuentan con electricidad y agua. Va casi una hora y media de recorrido por los senderos de ambos parques en los que vimos obras de artes, estructuras con diseño arquitectónico, gimnasio al aire libre, arboles, plantas, canchas múltiples, animales como picures, iguanas, aves, ardillas, monumentos escultóricos… Un cielo, un aire, un rio, unos árboles… sentimos el sudor de la alegría por jugar, por ejercitarnos. El país se nos hizo otro. El grupo salió siendo otro, más natural y autentico como estos dos parques en nuestra única y amada ciudad, Valencia.  



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